Una atención de calidad, con los tiempos del sur.

Una atención de calidad, con los tiempos del sur.

Ximena y José Miguel llegaron al sur buscando una nueva forma de criar, pero también una nueva manera de vivir su profesión. Dejaron atrás la atención masiva y los tiempos apurados para construir una vida donde la familia, el trabajo y los proyectos personales pudieran convivir con más calma. En Frutillar, han ido construyendo la vida que soñaban, aprendiendo que algunos sueños se cumplen de inmediato y que otros requieren paciencia, trabajo constante y la confianza de que todo llega cuando tiene que llegar. Hoy, al asumir la dirección de Clínica del Sur en Frutillar, ven materializarse uno de esos sueños que comenzó mucho antes de llegar al sur.


¿Cómo llegaron al sur?

Siempre supimos que cuando formáramos una familia, queríamos vivir fuera de Santiago. José creció en Linares, rodeado de naturaleza y vida de campo, así que para él quedarse en la ciudad nunca fue una opción. Santiago era una ciudad de paso, el lugar donde estudiaríamos odontología y comenzaríamos nuestra vida profesional, pero no donde imaginábamos criar a nuestros hijos.

Nos conocimos en la universidad y desde el principio José me fue mostrando el valor de una vida más conectada con la naturaleza, con los tiempos más lentos y con las cosas simples. Y con el tiempo, ese sueño también se volvió mío.

Cuando decidimos formar familia, las cosas no resultaron tan rápido como esperábamos. Después de varios intentos, llegamos al sur con la indicación médica de que probablemente tendríamos que someternos a un tratamiento de fertilidad. Estábamos preparándonos para eso, tanto emocional como económicamente pero la vida tenía otros planes. Al mes de habernos instalado en Frutillar, me enteré de que estaba embarazada de forma natural.

La profesión que queríamos ejercer.

Fue un comienzo lleno de señales. Porque junto con el sueño de formar familia, también nos habíamos venido con otro anhelo: ejercer una odontología distinta. Queríamos alejarnos de la atención masiva, de agendas estresantes y de las consultas de quince minutos donde apenas alcanzas a saber quién es la persona que tienes que atender. Soñábamos con una atención más humana, más cercana y más consciente.

Al principio trabajamos en lo que apareció. Sabíamos que llegar al sur significaba empezar a construir de a poco, pero siempre tuvimos claro que queríamos encontrar un lugar donde pudiéramos trabajar como nos gusta, con dedicación, tiempo y foco en las personas.

Justo en ese momento nos contactó Clínica del Sur, una clínica que seguíamos hace tiempo, para contarnos que estaban desarrollando un proyecto en Frutillar. Nosotros estábamos evaluando comprar un terreno para construir nuestra propia clínica, pero cuando conocimos la propuesta sentimos que encajaba perfectamente con lo que buscábamos.

Era una clínica creada y dirigida por dentistas. Puede parecer un detalle, pero para nosotros hacía toda la diferencia. El foco estaba puesto en la calidad de la atención y no únicamente en los números. Después de haber trabajado en distintos lugares donde la productividad era la prioridad, encontrar un espacio donde lo importante era hacer bien el trabajo fue un alivio enorme.

Yo siempre he sido muy estudiosa y perfeccionista con mi profesión. Llevo años formándome como ortodoncista y me costaba muchísimo la idea de atender a un paciente en quince minutos. En ese tiempo apenas alcanzas a conocer su nombre, entender sus miedos o generar confianza. Pero cuando llegué a esta clínica sentí que, por fin, podía ejercer la odontología de la manera en que siempre la imaginé: con tiempo, y con una atención realmente centrada en las personas.

Hoy, varios años después de haber llegado al sur, damos un nuevo paso en esta historia. Nos convertimos en los nuevos dueños de Clínica del Sur en Frutillar, un desafío que representa no solo un crecimiento profesional, sino también la oportunidad de proyectar y fortalecer la visión que nos trajo hasta aquí. Queremos seguir construyendo un espacio donde la calidad de la atención esté siempre por delante, potenciando este proyecto desde Frutillar y aportando a una forma más cercana y humana de ejercer la salud en el sur.

¿Por qué Frutillar?

Nuestro primer viaje como pololos fue a Frutillar. Desde entonces, cada vez que viajábamos al sur pasábamos por acá. Había algo en este lugar que siempre nos atraía, aunque en ese momento no imaginábamos que terminaría convirtiéndose en nuestro hogar.

Cuando tomamos la decisión de venirnos, una amiga nos prestó su departamento para instalarnos mientras buscábamos trabajo. Llegamos con muchas ganas, y de alguna forma, las cosas empezaron a alinearse. Yo estaba embarazada y, por primera vez después de años enviando currículums desde Santiago, comenzaron a aparecer oportunidades reales de trabajo.

También necesitábamos estar cerca de una ciudad con servicios, especialistas y buena conectividad, pero sin renunciar a la calidad de vida que habíamos venido a buscar. Frutillar tenía ese equilibrio. Nos permitía estar cerca de todo lo necesario, pero conservando una escala humana y una identidad propia.

El salto al sur.

Antes de venirnos, estuvimos varios años viajando al sur. Pasábamos a dejar nuestro currículum y preguntábamos por oportunidades pero nunca pasaba nada. Las cosas empezaron a pasar cuando tomamos la decisión real de venirnos.

Hay una diferencia enorme entre decir que algún día te gustaría vivir en el sur y estar efectivamente acá, construyendo una vida. Cuando en las entrevistas nos preguntaban dónde vivíamos y respondíamos que ya estábamos instalados, las conversaciones tomaban otro rumbo. Las oportunidades comenzaron a aparecer porque ya no éramos solamente una posibilidad, sino que estábamos instalados de verdad.

También empezamos a conocer gente de nuestro entorno profesional, a generar redes y a entender las necesidades reales de la zona.

Nuestra experiencia es que sí existe espacio para buenos profesionales. En salud todavía hay muchas necesidades sin cubrir y una enorme demanda por atención de calidad. Todavía, muchas personas siguen viajando a Santiago para resolver problemas médicos o encontrar especialistas y eso habla de que existen oportunidades.

Pero creemos que venir al sur no pasa solamente por encontrar trabajo, sino que también tiene que ver con cómo quieres ejercer tu profesión. Nosotros buscábamos una atención más cercana, menos masiva y más humana, y descubrimos que también había pacientes buscando eso.

Los tiempos del sur.

Antes de tener hijos pensaba que volvería a trabajar inmediatamente. Creía que podía organizarlo todo y seguir funcionando igual que antes. Pero cuando tuve a mi hijo en los brazos entendí que no era así y nuestras prioridades cambiaron por completo.

Creo que vivir en el sur también tuvo mucho que ver con ese cambio de mirada. Cuando te alejas del ritmo de la ciudad empiezas a cuestionarte muchas cosas. Los tiempos se vuelven distintos y las urgencias también.

Nos dimos cuenta de que si habíamos tomado la decisión de venirnos buscando una vida familiar diferente, entonces también teníamos que estar presentes para vivirla.

La odontología me ha permitido cierta flexibilidad, hoy podemos organizar nuestros horarios y repartirnos el tiempo. Pero nada de eso habría sido posible sin José, yo puedo trabajar tranquila porque sé que él está con los niños. Hemos construido una crianza compartida de verdad, donde ambos participamos y ambos cedemos espacio para que el otro pueda desarrollarse y por supuesto que no ha sido fácil.

Cuando llegamos al sur veníamos cargados de sueños. Queríamos tener nuestro terreno, construir una casa, tener huerta, árboles frutales, animales. Queríamos construir todo de inmediato y la realidad ha sido distinta. Entendimos que no podíamos tenerlo todo al mismo tiempo y vamos mucho más lento de lo que nos gustaría, pero con la tranquilidad de estarnos dando los tiempos en otro sentido.

Si queríamos pasar más tiempo con nuestros hijos, teníamos que trabajar menos horas. Y si trabajábamos menos horas, muchos de esos proyectos tendrían que esperar.

Durante un tiempo sentí frustración por eso. Me habría encantado llegar y construir la casa de nuestros sueños desde el primer día. Pero hoy miro hacia atrás y creo que las cosas ocurrieron exactamente como tenían que ocurrir.

Antes de construir una casa, construimos una comunidad.

Nosotros llegamos al sur solos, lejos de nuestras familias y de nuestras redes de apoyo. Y hoy, mirando hacia atrás, creo que lo mejor que me pudo haber pasado fue llegar a un lugar como este antes de irme a cumplir el sueño de una parcela. Aquí nos dimos cuenta de que había muchas personas viviendo procesos parecidos al nuestro. Generamos comunidad, encontré amigas que me acompañaron en la maternidad, vecinos que se transformaron en parte de nuestra vida cotidiana y familias con las que compartimos el día a día.

Para alguien que viene de Santiago, este es un lugar muy amigable para llegar. Hay gente dispuesta a conectar, a formar amistades y a acompañarse. Acá hay muchas segundas viviendas de personas que vienen durante el verano, pero durante el año quedamos quienes vivimos aquí de forma permanente, y terminamos conociéndonos entre todos. Siempre hay una excusa para juntarse: Halloween, una tarde de verano, un cumpleaños o simplemente compartir el jardín. En invierno la vida es más de puertas adentro, pero en verano todo invita a encontrarse. Para nosotros, Patagonia fue un lugar muy amable para vivir esta nueva etapa.

Nos encanta esta vida de comunidad, donde la crianza se comparte y donde sentimos que todos nos cuidamos un poco. En la verdulería ya saben quién soy, la señora de la panadería, si paso un par de semanas sin aparecer, me llama para preguntarme si voy a querer pan y si lo pasaré a buscar.

Eso en Santiago cuesta. Uno se pierde. Vivimos años en un departamento sin conocer realmente a nuestros vecinos y hoy, en cambio, mi vecina se convirtió en mi mejor amiga. Se transformó en familia.

Dra. Ximena Aracena
Dra. Ximena Aracena | Ortodoncia
Cirujano Dentista, Ortodoncia y Ortopedia Dentomaxilar, Universidad Mayor.
Diplomada en Oclusión y trastornos témporomandibulares, Universidad de Chile.
Alumna curso continuado de Ortodoncia FACE Chile.
Dra. Ximena Aracena
Dr. José Miguel Abraham | Rehabilitación Oral
Cirujano Dentista, Universidad Mayor.
Especialización en Endodoncia y Diplomado en Odontología estética adhesiva, Universidad Andrés Bello.