Consuelo De Hilos: el tejido, los oficios y una nueva vida en el sur.

Consuelo De Hilos: el tejido, los oficios y una nueva vida en el sur.

Después de diez años enseñando arte en Santiago, Consuelo González (44) llegó a Frutillar para comenzar una nueva etapa. Entre el tejido y sus ganas de enseñar, fue construyendo una vida más cercana a aquello que la inspira. Hoy junto a sus socias, da vida a La Matriz, una escuela de oficios que creció al ritmo de las ideas compartidas, las manos trabajando y las ganas de construir algo propio.


Cuéntanos de ti y tus proyectos

Soy diseñadora de formación y durante muchos años mi vida estuvo ligada a la enseñanza. Estudié pedagogía, hice un magíster en Historia del Arte y trabajé cerca de diez años como profesora de arte del colegio Las Teresianas en Santiago. Fue una etapa importante, en la que aprendí mucho y en la que encontré un espacio para enseñar diseño, explorar la creatividad y acompañar distintos procesos de aprendizaje.

Era una buena pega y tenía una vida muy rica en Santiago. Vivíamos en La Reina, en un barrio que nos gustaba, con plazas, comercio y todo cerca. Yo podía caminar al colegio y teníamos una vida bastante tranquila dentro de lo que significa vivir en la ciudad.

Eso sí, lo que me pasaba era que cada cierto tiempo, me preguntaba qué más podía hacer. Me gustaba mucho mi trabajo, pero no me imaginaba cambiándome a otro colegio ni sabía muy bien cómo dar el paso hacia otra cosa.

¿Cómo llegaste al sur?

La idea de vivir en el sur apareció de manera bastante inesperada. Una vez viajé con mi mamá y mi hijo a visitar a unos primos en Villarrica. Después recorrimos algunos lugares de la cuenca del lago y pasamos por Frutillar.

Me acuerdo que en ese viaje le dije a mi mamá que algún día esperaba poder vivir acá. Tuve esa sensación de tranquilidad que te genera el sur, aunque yo sabía que probablemente no sería una sensación permanente. No era una ambición que hubiera tenido toda la vida, simplemente fue algo que sentí en ese momento.

Con el tiempo la idea volvió a aparecer, pero también había otra inquietud detrás. Yo sentía que necesitaba cambiar de rumbo laboralmente, enfrentarme a algo distinto. Había dejado de lado las ganas de seguir estudiando o de vivir en el extranjero, y pensaba que cambiarme de ciudad podía ser una manera de probar otra vida.

Durante la pandemia, unos amigos se vinieron al sur y apareció una oportunidad laboral para mí en un colegio de Frutillar. Envié mi currículum sin demasiadas expectativas, pensando que sería entretenido intentarlo, pero me hicieron una oferta durante la entrevista. ¡Fue algo súper inesperado!

Lo conversamos con Francisco, mi marido, durante varios días. Al principio él no estaba muy convencido pero finalmente dijo que sí, que lo hiciéramos. Y ahí todo empezó a fluir.

Tener la oferta de trabajo y también, saber dónde íbamos a vivir, hizo que la decisión fuera más fácil. Nos instalamos en esta casa a fines de mayo de 2021, incluso antes de lo que pensábamos y desde ahí no nos hemos vuelto a mover.

El tejido como una forma de expresión

Yo aprendí a tejer en el colegio, pero el tejido apareció de nuevo en mi vida cuando tenía veintitantos, cuando me acordé de que sabía hacerlo y quise retomar. Creo que afectó mucho cuando nació mi primera sobrina y me dieron ganas de hacerle algo con mis manos. Partí con una mantita y después empecé a buscar patrones, a probar técnicas y a hacerme mi propia ropa.

Me acuerdo de que encontré una revista inglesa de tejido que se llamaba Pom Pom Magazine. Cuando la abrí, fue como entrar a otro planeta. Estaba llena de abreviaciones, patrones y técnicas que no conocía. Me puse a estudiar todo lo que no entendía y descubrí que podía aprenderlo. Desde ahí, no paré más.

Para mí, el tejido tiene muchas dimensiones. Está el placer de hacer algo con las manos, la concentración, el relajo y la satisfacción de terminar una prenda. Pero también puede ser una forma de expresión artística. Alrededor de 2019 tuve una etapa en que empecé a crear obras textiles con una dimensión política y social, pensando en lo que se puede comunicar a través del tejido, más allá de su utilidad.

He probado muchas técnicas, como la encuadernación, el bordado y el grabado, pero en algún momento decidí que quería profundizar en una sola. Quería ser experta en algo, y elegí el tejido.

El valor de los oficios

Para mí, los oficios tienen un valor que va mucho más allá de aprender una técnica. El trabajo manual te permite concentrarte, relajarte y entrar en un estado en que estás muy presente en lo que haces.

También creo que hay una dimensión educativa importante. A veces se piensa que tejer es fácil o que es una actividad simple, asociada a las mujeres o a las abuelas. Pero a uno le parece fácil porque lleva mucho tiempo practicándolo, como dibujar o aprender a manejar, que son cosas que se desarrollan con la práctica.

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Eso es parte de lo que me interesa transmitir cuando enseño. Hay que aprender a manipular las herramientas, encontrar los movimientos y repetirlos hasta que empiezan a salir de manera natural. Al principio puede ser frustrante, pero cuando logras avanzar y terminar algo que hiciste con tus propias manos, la satisfacción es enorme.

La Matriz, escuela de oficios

Cuando llegué a Frutillar, empecé a trabajar en el colegio Kopernikus, donde encontré un espacio con una escala más pequeña y flexible, lo que me permitió proponer nuevas ideas.

Yo iba al colegio usando mis prendas tejidas y siempre había alguien que me preguntaba por un chaleco o me comentaba algo sobre la ropa que llevaba. Hubo uno naranjo en particular que llamó mucho la atención, y a partir de eso, algunas personas empezaron a proponer que armáramos un grupo de tejido. Con el tiempo, ese grupo se fue convirtiendo en un grupo de amigas que compartíamos el amor por los oficios y las ganas de crear juntas.

Y así nació La Matriz, de una manera muy orgánica, con muchas ganas de hacer cosas y sin tener completamente claro en qué se iba a convertir.

La idea fue tomando forma alrededor de algo que nos interesaba mucho a las tres socias: enseñar oficios, compartir conocimientos y crear un espacio donde las personas pudieran aprender con las manos.

Empezamos a trabajar en las noches, preparando la casa y organizando los talleres. Recuerdo esos fines de semana en que estábamos todos pintando, armando muebles y haciendo que el lugar empezara a tomar forma con la ayuda de amigos y familiares.

La Matriz es una escuela de oficios en Frutillar, un espacio dedicado a aprender, compartir conocimientos y descubrir el valor de hacer cosas con las propias manos. A través de talleres de tejido, la cerámica y otras disciplinas, se busca que las personas puedan explorar su creatividad, aprender nuevas técnicas y construir comunidad con otras que comparten sus mismos intereses.

Nace la tienda ¡y te esperamos en su lanzamiento!

La tienda de La Matriz nació de manera bastante natural. Teníamos muchas ganas de vender cosas lindas y pensamos que, si teníamos una escuela donde se enseñaban oficios, lo lógico era ofrecer también los materiales que las alumnas necesitaban.

El área textil fue una puerta de entrada porque era un mundo que yo conocía y que tenía mucho sentido para mí. Las alumnas necesitaban hilados, herramientas y otros insumos, y nosotras podíamos ofrecerlos.

Hoy contamos con la tienda online que nos permite llegar a personas de todo Chile, ofreciendo hilados, accesorios, chalecos hechos a mano y patrones de tejido. La tienda sigue creciendo, incorporando nuevos productos y ampliando nuestro catálogo.

Este sábado celebramos el lanzamiento de la tienda: ¡Los esperamos a todos para conocer nuestros productos!

Consejos para alguien que quiere venirse al sur

Yo vine buscando principalmente un cambio de vida, y creo que eso se cumplió. Me gusta mucho la amplitud del paisaje, las vistas, los cielos y la tranquilidad que te transmiten los espacios abiertos. En Santiago también hay lugares preciosos, pero acá esa sensación aparece con mucha más frecuencia.

También hay cosas de la ciudad que a veces echo de menos. Me gustaba salir un sábado en la mañana a vitrinear, recorrer lugares distintos y tener más alternativas. Acá las ciudades son más pequeñas y la oferta es diferente.

Algo que subestimé la dificultad de volver a construir un círculo social. En Santiago tenía a mi familia y mis amigos, mientras que acá hay que volver a hacer el esfuerzo de conocer gente, generar vínculos y encontrar a las personas con las que uno se siente cercano. Por eso creo que, antes de cambiarse de ciudad, es importante preguntarse cómo se relaciona uno con los demás, cuánto necesita de su entorno social y qué tan cómodo se siente estando solo.

También creo que hay que considerar cosas prácticas, como la casa en la que uno va a vivir. Nosotros llegamos a una casa bien construida, con buena aislación, y eso hizo una diferencia importante durante el invierno.

Si alguien está pensando en venirse al sur, le diría que se dé el tiempo de entender qué está buscando y qué cosas está dispuesto a cambiar. A veces uno se concentra mucho en el lugar al que quiere llegar y no tanto en cómo va a ser la vida cotidiana una vez que esté ahí.

En mi caso, me gusta pensar que nuestra llegada al sur no respondió a un plan perfectamente trazado. Fue una suma de intuiciones, oportunidades y conversaciones que, poco a poco, fueron abriendo un camino. Y en ese camino aparecieron el tejido, La Matriz y una nueva forma de construir mi vida, más cercana a las cosas que disfruto y me hacen sentido.

LaMatriz
La Matriz - Escuela de Oficios
🔗 Escuela de Oficios
🔗 Tienda La Matriz
📍 Avenida Alemania 956, Frutillar